diario de una mamá fotógrafa

LAS MEGAMADRES

Queridos amigos:

Aprovecho para dar la bienvenida al aluvión de nuevos contactos tras el pots de la inexistente vida sexual de los que somos padres. Os estoy muy agradecida por entrar en ésta mi humilde morada. Aquí se hacen fotos pero sobre todo se pasan los días intentando que sean entretenidos, si os reísteis como me habéis dicho, me lleno de gozo (  de alegría me refiero, ya que del otro «gozo» no me lleno, no)

Hoy quiero hablaros de un tema muy inquietante, una especie que no está precisamente en peligro de extinción, más bien todo lo contrario: LAS MEGAMADRES. Permitidme si nadie ha acuñado el término que lo adopte en lugar de Súpermadres, porque lo de «súper» se queda corto para esta modalidad de madres a la que yo me refiero. Por favor, que nadie se ofenda, que aquí estamos para otras cosas.  Yo en concreto a veces voy de MEGA, GIGA MADRE.   Y luego me río yo sola al ver hasta que punto puede una hacer cosas así, pero estoy segura de que más de una caerá en alguna ocasión. ¿ Pero qué subcategorías podemos establecer dentro de las MEGAMADRES para entenderla mejor?

Mucho más que madres, las Megamadres.

En primer lugar vamos a ver cómo se comporta la Megamadre de parque. Se trata de  una madre realmente chunga, no quisiera yo encontrármela en un callejón a solas después de haberle tocado la cabecita inocentemente a su hijo al pasar.  Ella es el terror de las madres, prima hermana de la malota del instituto que era verla y temblarte las piernas.

Imaginaos la situación, un día como otro cualquiera, en el parque con tu niñita que para ti es la más dulce y entrañable del mundo. Tú, Megamadre de parque, de repente ves como un niño se acerca  a tu niña y le dice algo que la hace llorar. Un alíen viscoso y verde salta dentro de ti y te posee sin más, yo al mío le llamo «Mi troglodita»

Automáticamente el pobre niño empieza a caerte mal. Ese niño ha hecho llorar a tu niña, y tú , Megamadre, no lo vas a permitir bajo ningún concepto. No hay excusa, no hay perdón para el niño de 3 años. Te acercas a tu hija, y te enteras qué le ha dicho el niño ese exactamente:

» Tú no juegas, fea»

En ese momento rompes en cólera: «¡El niño mierda, oye! ¿No que le ha dicho fea a mi niña? Mira el niño, la cara que tiene y lo antipatiquísimo que es. A mi niña, tan fina y tan linda, ¿le vas a decir tú, niño, que es fea? » ( ¡Ay! Me pongo blandita con estas cosas porque veo a mi abuela de mi alma que era una Megaabuela de parque total, pero de las abuelas ya despacharemos más adelante, ya)

Una Megamadre de parque actúa con la misma actitud racional que un águila si otro pájaro pretende robarle los huevos. El troglodita de la Megamadre alcanza su quinta esencia  y se mezcla con el alien y con todo eso dentro junto, la Megamadre va  como ave de presa  corriendo hacia  el niño, y le dice » Niño, mi hija va a jugar contigo sí o sí, y además no es fea. Feo  eres tú, ¿ entendido?» La megamadre de parque es como un militar que estrena cargo, altiva y subidita.

Esto pasa, lo he visto, lo he visto muchas veces y he de confesar que con mesura, eso sí,  lo he sentido. El niño que ha llamado fea a tu hija puede tomar dos actitudes: llorar como un cosaco, irse para su madre y contarle todo, en tal caso la Megamadre se pelea con la otra madre y se lía parda, o bien, el angelito te echa cojones y te dice en toda tu cara que pasa de jugar con tu niña y que tú también eres  tela de fea.

La Megamadre no dialoga, actúa.  Esta especie  tan particular de madre lo da todo por la felicidad puntual de su hija, y no va permitir que nadie le tosa. Ella es en general un poquito choni en sus ademanes, y no tiene problema alguno en encararse con las otras madres y aludir las veces que sea necesario y con los brazos en jarra, a su órgano reproductor añadiendo la palabra «pipa» y la segunda persona de presente de indicativo del verbo «comer». Ella, es basta sí, y además no entiende de barcos, defiende a su bichito y la coloca a la fuerza en sociedad.  Si su niña pilla el columpio, no sueñes con que respete los tiempos, ella considera que su mini-yo ha llegado primera y punto. Ni Dios Bendito la va a bajar del columpio, no hay pena, no hay dolor ni empatía hacia el niño que espera desolado al lado. Esto es la jungla, enano, búscate la vida, porque la Megamadre no va a ceder el trono que ocupa su princesa.

 

Por otro lado tenemos la Megamadre de colegio. Esta Megamadre está metida en todos los saraos: prepara la actividad de fin de curso, va a todas las excursiones, está en el Consejo Escolar, conoce al director y a toda la casta de ángeles trompeteros que pueda haber en el colegio y que tenga influencia. Ella es una Megamadre famosa en lo escolar, sabe más que los profesores sobre el temario del curso. Está madre mira con cierto reparo a las madres nuevas que intentan aspirar a ser un poco como ellas, porque le gusta tener cierta exclusividad. Ella es la que lleva todos los líos, la encargada, la Corleone de las madres y no le pía ni el Consejero de Educación. Menudo mindundi… aquí la que corta la pana es ella.

Está señora  madre  está ahí susurrándole al oído a su hijo que si el profe le pone un 6, se lo digo ipso facto porque  eso hay que pelearlo. Por supuesto lidera los grupos de wassap y se entera de todo la primera. Mete cizaña , le va la caña, el gusta recibir baño de masas pero no es tan choni, tiene cierta culturilla general, y va de listilla, de hecho su niño será lo más parecido al repelente niño Vicente. Por supuesto » Vicentito» llamémosle así, va a cuatro o cinco clases extraescolares semanales mínimo, tiene una agenda tan apretada que los calzones de Supermán.

Su trabajo es ser Megamadre de cole y eso es una jornada laboral completa, imposible que esta madre trabaje en otra cosa que no sea estar en todos los «fregaos» colegiales. A ella le temen los maestros, los directores y conserjes, porque ella es la mafia en estado puro. Si su niño no se acuerda de qué deberes le han mandado, ahí está ella, buscando como loca, preguntando por todos lados porque tiene un afán de perfeccionismo que roza la locura. Si la observas en distancias cortas verás que tiene  tics nerviosos del estrés que soporta, porque además este tipo de mamis suele ser madre por partida doble o triple. La Megamadre está tensa, te mira raro, tened en cuenta que tiene que estar muy alerta para detectar fallos, errores del sistema ( aunque para esto no hace falta ser muy listo) y montar un pollo de aúpa. Si algo tiene en común con la de parque es que le encanta los pifostios.

También tenemos a la Megamadre de redes sociales. A las Megamadres de redes sociales, les encanta poner fotos de tus niños, están orgullosas, ( ¡indetificada!) les encanta que sus amistades sepan su día a día, lo lindos que son sus querubines, necesitan comentar sus logros, sus avances, y sobre todo explicar al resto del mundo lo bien que lo hacen porque en el fondo se siente insegura. La Megamadre lanza mensajes subliminales a su suegra y otros familiares y afectos que no la comprenden y se apoya para ello en el Facebook porque en el fondo es tímida en la vida real. Una Megamadre de redes sociales siempre saldrá con su niño en actitud perfecta, por supuesto se hace sesiones de fotos profesionales si tiene dinero una vez al mes mínimo, y si su hijo hace una mueca que no le parezca bonita, allá que va  ella y le dice: » Robertito, hijo,  esa risa no, ésta» Cuando emula la risa que quiere que el niño ponga ocurre el desastre y el  niño pone cara de mazapán. Así no, Megamami del Facebook, así no conseguimos trasmitir esa imagen de felicidad que tú necesitas como el comer.  Luego me pide retoques imposibles, ridículos, desquiciantes, os prometo que con esta Megamadre he rozado la locura y he conocido un par de casos ya.

Esta Megamadre tiene una vida real y otra simulada. Nunca saldría con malos pelos en las fotos ( por aquí me voy a librar de esta categoría totalmente ya) nunca la verás aletargada ni aportando un mensaje de agotamiento y hastío vital, ella está siempre perfecta en su ideal maternidad. Megamadre de redes sociales, que sepas que por tu culpa culpita la pobre Samantha, la chiquilla, se ha confundido y había pensando que esto de la maternidad era mazo molón y ahora fíjate la que tiene montada, que anda la pobre medio arrepentida de haberse liado la manta a la cabeza y parido por partida doble. Tú ,tú y el arsenal de mensajes maravillosos sobre la maternidad ayudado encima por las fotos de familias felices como las que pongo yo aquí, tenemos la culpa de esta situación, ¡ hombre ya! Al paredón.

Pobre Megamadre de redes sociales, ella es sencilla de mente, solo quería enseñar al mundo su alegría, eso sí, comparando su modelo de familia con el de otros y haciendo sangre si es necesario. Nunca olvidaré un día que leí un pots de Lucía mi pediatra ( ay, madre qué mal me siento que estoy siendo infiel a mi Dr. Carmona hoy con Lucía.) Lucía explicaba en su pots que estaba tristona por no poder pasar esa noche con sus hijos. Creo que por Navidad. Se ve que está separada y le tocaba al padre, como tantas otras madres y padres de este planeta, ¿verdad? Hasta aquí todo sencillo. Bueno, pues de repente una Megamadre de redes sociales, saltó como una auténtica leona con hambre de carne fresca  a la yugular de Lucíamipediatra: » Pues no los dejes, quédate con ellos, no sé de qué te quejas. Yo por ejemplo nunca haría eso, nunca estaría sin mis hijos, van conmigo a todas partes.» ( más o menos ponía esto)

Señora mía, la corono a usted como la MEGAMADRE REINA.

Primero es lenta, porque todo el mundo pilló la situación, menos ella, que es como los burros, sólo mira » pa lante» Por otra parte, la familia unida jamás será vencida, sí, muy bien, pero de vez en cuando no está de más que una se dé sus homenajes, que encima no era el caso, pero ¿y qué? ¿Qué tiene de malo dejar a los niños con la abuela de cuando en cuando, o con el padre, o en la cenita tranquila de la ludoteca de mi pueblo e irse una a disfrutar un poco de otras cosas, como por ejemplo de la noche loca de la que hablábamos el otro día? Que yo no lo hago porque soy una agonía y una coñaza, pues también es verdad, pero que es bueno para la salud y que en breve me aventuro si las circunstancias me lo permiten a un ratito de desahogo, también.

¡Qué tampoco hay que ser la madre de España, leñe!  Esta madre no paró, no paró. Recuerdo que le contesté con un estilazo bastante inmerecido por su parte y su respuesta fue decirme «tontita» Madura tela la Megamadre ésta, ¿verdad?

Ahora vamos a hablar de otro tipo, ya el último de Megamadre, en este caso ya son maduras ( hablo de la edad de nuestras suegras, y perdonad que prefiera ejemplarizar con suegras a con madres, pero me resulta más inspirador, sin con ello decir nada, ¿eh? Malpensados.) La Megamadre mamá gallina, es esa madre ya entrada en sus años que se cree que su hijo o hija es de su propiedad intelectual porque para eso ella lo creo y recreo una y otra vez. Pigmaliona madre que está un poco obsesionada con sus pollitos, habla siempre con el «mi» delante  cuando les nombra y por supuesto sólo tiene como tema de conversación  a sus hijos. No se le cae de la boca hablar de ellos. Se levanta hablando de ellos y ella que ya si puede tener sexo libremente, habla de ellos mientras lo hace.  La buena señora no tiene más mundo que ese, fue una madre abnegada y aunque los niños han crecido, ella sigue en esa fase de nido vacío y por supuesto jamás aceptará «barco como animal de compañía» Para la Megamadre mama gallina tú, nuera o tú, yerno, eres un grano en el culo, una pústula que a su entender le ha salido a su niño.

Ella alardea de hijos constantemente, sin fotos, sin Facebook, se basta con la foto de cartera de cuando fue a la mili o simplemente con estar ahí todo el día olisqueando en la vida del ya crecido pollo cuarentón. Ella sin sus pollitos no va a ningún sitio por supuesto, jamás se plantearía un viaje sin toda su casta entera y cuando trates de hablarle de tu maternidad no te escuchará, se limitará a meter la cuñita para que sepas lo  bien que lo hace ella, frente a ti, minúscula principiante. La Megamadre mamá gallina te lanzará pullitas sobre cualquier temas en el que piense que tú puedes aportar algo. Si das teta te hará ver lo blanco negro y que eso no sirve para nada, y si das bibi te hará sentir la persona más horrible del planeta porque ella dio teta. Si pudiera se sacaría un pecho para arrojárselo a tu bebé en toda la cara. El caso es llevar la contraria. Uff… qué mal me cae esta Megamadre, lo lamento, no lo puedo disimular.

En fin amigos, creo que hay mucha madre de España, mucha madre folclórica que le falta la bata de cola  y llenarse de gloria alardeando de ser la mejor de manera indirecta. También creo que hay una competeción a veces y que nos estamos pasando de rosca. Con lo fácil que sería si nos limitásemos a vivir la maternidad con naturalidad, disfrutando de nuestros hijos, ayundándoles a crecer libres y siendo ejemplos para ellos. Si actuamos como borricas criaremos asnos. No soy yo precisamente un ejemplo de calma y quietud, pierdo los nervios como todo hijo de vecino, y no siempre sigo el tipo de crianza que me apetece vivir con mis hijas porque no me sale bien. No estaría mal, madres mías, que confesáramos lo malamente que lo hacemos algunas veces, que dejemos a nuestros pajaritos volar un poco libres, aprender de sus errores y no ir de miembro del cárter de Medellín cuando sentimos una amenaza hacia nuestros hijos. Más de una vez he llegado a pensar al ver la actitud de alguna madre en una fila para ver un espectáculo infantil, o en la misma cabalgata de Reyes, que me iba a sacar una navaja o directamente un revolver y aquí no queda ni rastro que esto es América. La Megamadre Chuck Norris  ( venga, metemos también esta categoría) te da un pellizco de monja y un pisotón en una bulla de Semana Santa como perciba que estás empujando a su chiquillo, ella no piensa que no eres tú, que es fruto de la acumulación de gente, ella te ve moverte y va directa a por ti, te suelta una alusión directa a lo sueltecita que es tu madre y te zumba, no sin antes meterte el carro por las espinillas, aunque reconozco que andar con carro en bullas merece una categoría propia de madres, en la cual puntualmente también me incluyo.

¿ Y tú? ¿Eres un poquito Megamadre?  Venga, pillina, confiesa. Bueno y los padres, también entran dentro de esta clasificación pero lo del género a la hora de narrar es complicado, así que sentiros libres de indentificaos con una Megamadre, que nadie dudará de vuestra masculinidad.

Todas llevamos en algún momento un pedacito de Megamadre dentro, yo ya he confesado mis puntos débiles, entre otras cosas, porque este blog en lugar de «El Blog de una Mamá fotógrafa» va a tener que llamarse «Vane al desnudo».

Esto de ser Megamadre me empezó  a mí en la tierna infancia, que ya era yo Meganieta y le endiñé un empujón de la leche a mis ocho años de edad a un adolescente que le dijo a mi abuelo «viejo pellejo» Pobre mío, tan chica yo y tan grande él y que piña se llevó.

Si te ha gustado, ya sabes, comparte mi pots y ayuda a las Megamadres a superar sus traumas.

 

 

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