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Cumpleaños feliz

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Hoy es mi cumpleaños y no puedo evitar recordar y mirar atrás, así que me vais a permitir  algunos chascarrillos, que ya una va cumpliendo sus años y va pegando.  Me voy a pasar lo que viene siendo por el forro ( perdonad la expresión)  el SEO  de mi página web, las palabras clave para posionarme en google, etc, etc para hablar un poco en plan «ancianidad» sobre mi vida.

Cuando era niña no me gustaba hacerme fotos, aquí tenéis un ejemplo de ello. ¡Ay, cuánto he cambiado, ahora soy Mariprotagonista!

Esta foto me la tomó un sobrino también fotógrafo de mi abuelo que en paz descanse el buen hombre, y ahí estaba yo, más tiesa que un «ajoporro» Me picaba el chaleco, tenia churretes y no me gustaba ese peinado, me acuerdo perfectamente la mala leche que arrastraba en esos instantes.

Mis cumpleaños, inolvidables

Mis cumpleaños infantiles eran divertidos, sencillos, con mi familia nada más, no cómo ahora con más de veinte niños invitados, parques de bolas y tres modelos de tartas diferentes, y por supuesto, una veintena de regalos. Yo me tomaba mi tarta de la «Confitería Lola» del Tardón y era más feliz que una perdiz.  A veces dudo que mi hija sea más feliz que yo lo fui y eso me hace pensar que se nos está escapando un poco de las manos todo esto de los cumpleaños. ¿ No os parece? 

Yo hago sesiones de primer cumpleaños y lo pasamos genial, el peque disfruta mucho llenándose de tarta y montamos una verdadera fiesta, pero es que la fiesta la multiplicamos por tres, amigos, familia… todo lo que sea celebrar bonito es, pero quizás estamos en una exigencias a nosotros mismos como padres un poco altas e innecesarias.

En la adolescencia cumplía años deseosa de ver una vela más en mi tarta. ¡Qué ansia por hacerse uno mayor y qué gran error querer que el tiempo corra y corra! Quería hacer más cosas sola, ser más libre, independiente. Cumplí dieciseis y  recuerdo que mi «noviete» del momento, un tal Carlos Felipe,  que me duro menos que una pompa de jabón, me regaló un top monísimo con la barriga al aire ( como para ponérmelo ahora, madre mía…)

Después me volví muy formalita durante años con mi novio de juventud, éste ya mucho más duradero, aunque no perenne porque tampoco cuajó, aunque eso sí, perdí un novio pero gané un amigo de campeonato que hoy día me hace unos atrezos para las fotos, ideales y exclusivos.

Y lentamente, porque cuando somos chicos el tiempo va muy despacio, entré en mis felices años veinte, y todo era bonito, divertido, lo superficial brillaba en ese momento en mi vida, pero que simpático me resultaba ser así de sencilla, de feliz, y tener ese toque mezcla de niña empollona intelectual de lunes a viernes e insulsa e insufrible veinteañera de viernes noche a domingo. ¡Cómo me bebía yo las pistas de baile con mis amigas Laura y Horten y cómo de feliz era por el simple hecho de arreglarme  para salir de fiesta. Ahora me pongo máscara de pestaña y me lloran los ojos de la falta de costumbre.

Tras esta etapa frenética y cansada  vino la calma y conocí a mi Santo. Sí, mi santo esposo que llegó como Estopa, partiendo la pana. A tomar por saco todo lo mandé por él y me lancé de lleno a una vida juntos y en qué buena hora, porque me libró de terminar con alguien de tránsito que no me habría aportado más que disgustos, así que tuve una suerte inmensa topándome en mi camino con el padre de mis niñas, y desde que lo vi, supe que era él y nadie más la persona con la que pasaría el resto de mi vida. (Toma ya, declaración de amor en toda regla, creo que ya he espiado mis pots de idolatría total al Dr Carmona, aunque lo cortes no quita lo valiente y me reitero y reiteraré con ángeles tramperos incluidos en ser superfan por los siglos de los siglos, amén)

Y aunque las noches locas hayan quedado un poco en el pasado, mis cumpleaños ahora son más felices que nunca… y aunque ya lo he celebrado y el estrés ha acompañados la tarta porque mi bichito pequeño no nos da tregua, no cambio esta etapa por ninguna.  Quiero seguir cumpliendo estos años así, estresada infinitamente, ojerosa y algo desgreñada, con pocas horas de sueño encima, con una bebé ya caminante que no para y que me enamorada cada día con esa carita mucho más llena de churretes  que la mía de la foto, aunque con gran parecido conmigo. Quiero seguir siendo una madre con una calidad de vida menguada, puede ser, pero llena de besos mocosos y con el pelo muy muy pegajoso de las manos de mis niñas llena de dulces. Quiero seguir cumpliendo año siendo vuestra mamá y cargada en mis brazos de vosotras, de vuestras risas con tanto color. Sois mis niñas y mis cumpleaños son ahora más felices si cabe… porque lo celebro siendo la mamá de Vera y de Mar.

Esa barra de labio que me ha regalado mi amiga Laura, será usada de una forma muy especial… sigue siendo un instrumento de conquista, amiga, aunque ahora toca conquistar una barriguita gordita y otra canijita que esperan muchos besos…

5 comentarios

  1. Felicidades cariño. A mí también me lloran los ojos cuando me echo rimel por falta de costumbre…jajajajajajaja. Luego te llamo. Un achuchón grande

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