diario de una mamá fotógrafa

Aquí una madre en cuarentena

Querid@s tod@s.

No me voy a andar con medias tintas, no. Soy el retrato de una madre desesperada en cuarentena. Para qué vamos a decir lo contrario. No he tenido una agenda más ajetreada en mi vida. He cumplido los cuarenta en cuarentena, y empecé muy potente y con los ánimos arriba.

Pero con mas de un mes encerrada, tengo que hacer propósito de enmienda así que os hago un resumen de mi rutina en cuarentena  y entenderéis porque necesito unas vacaciones.

Me dan las 3 de la mañana despierta. Me encantaría conocer el motivo, pero no encuentro razón. Me desvelo.

Tras noches de movimientos nocturnos y no me refiero al hecho de tener gases o no, cosa que por otro lado sería lógico porque estamos comiendo como gorrinos, me levanto a horas que rondan las 9-10 de la mañana, según el día. Y me levanto en potencia 10, sin pasar paulatinamente de estado de sueño profundo a despertar suavito y lindo. No. Me levanto en estado de alarma directamente, o de sitio, si cabe.  Mi Vera viene a la cama y empieza a menearme todo el tronco de mi ser como si no hubiera mañana. Y mañana es hoy,  y hoy es como mañana y todos los días son muy parecidos.

-Mamá… mamá… mamá. ¿Qué hacemos hoy? Quiero bajar, quiero bajar, quiero bajar.. ¿qué plan tenemos, qué día es  y qué hora es?

Es muy bonita mi niña, pero muy insistente el angelito. Mar no se queda corta y nada más abrir los ojitos está tan activa como si acabará de sonar la canción de su baile de fin de curso. Ellas quieren vivir esta cuarentena como si fuera la última de su vida, con todos sus aliños y no están dispuestas a perder un mínuto de intensidad  y acción frenética en nuestras vidas. Así que infartada me encuentro, como si un tren estuviera a punto e pillarme todo el santo día.


Yo intentó pararme un minuto antes de hacer el desayuno y mirarme al espejo, observar mi estado de demacración y ponerme el chandal oficial del Mundial del Coronavirus. Soy la fotógrafa choni, de barrio, con su moño y las zapatillas de estar en casa en estos momento en que he perdido todo el glamour.

 Nunca pensé que esta prenda fuese a ser tan recurrente en mi vida. Me lo pongo, cada vez me queda más apretado,  cierta lorza asoma por la cintura y me da coraje. ¡Con lo bien que iba yo y como me está pudiendo la cuarentena! 

Tras el desayuno las niñas o hacen deberes o ven la tv un rato y yo trato de trabajar, a veces con más fortuna que otra. Mi marido hace la comida, acumulamos guisos y  congelamos y cuando me doy cuenta es la hora de comer otra vez, casi con el desayuno saliéndome por las orejas, porque claro hacemos desayunos especiales con cierta frecuencia. Continentales, como en un hotel. A veces mi esposo está hasta las ( ejem, pelotas) y cocino yo, con alguna innovación que suele terminar en mosqueo porque a las niñas no las saco del sota caballo y rey.

Es que alguna ilusión hay que buscar, amigos. Y para mí la comida es el gran placer de la vida. No veo la tele, me niego a ver las noticias, me pongo de muy mala leche. Mi madre es radio macuto y me lo cuenta todo, y me dice 40 veces la criatura que me lave las manos, que no me meta las manos en la boca, aún sin verme, ella me lo dice, por lo que pueda pasar. 

Trás comer, las niñas se ponen a pintar con @tainalovestodraw en Instagram , y se pelean considerablemente entre ellas. Después vienen de una en una a malmeterme un poco contra la otra. Me da la sensación de que en vez de dos, tengo 7 hijas. Todas niñas ademas y muy preadolescentes.

Me enchufo a las charlas www.yomequedoencasa.photography 

¡Gran iniciativa!

Me inspiro, me vengo arriba, me vengo abajo…

Creo, creo y creo sin parar, como Chema de Barrio Sésamo cuando pintaba.

¡Venga chicas al estudio con mamá! ¡Qué mamá está inspirada!

¿Mamá, otra vez a ponerme los velos? Hija, mamá,  otro cosa, que na más haces nosotras con velos… ( jodía niña como me hunde con una frase)

Edito, edito, me tiro 1 hora con una foto, mientras una me hace un peinado mágico ( arrancándome un buen manojo de pelos, y mientras otra me pregunta diez o doces cosas seguidas, a las que no sé muy bien que responder.

-¿Mamá, podré celebrar mi cumple?¿ Mamá, podremos ir a la playa? ¿Mamá podré ir al cole en mayo? ¿Mamá podré ver a mis amigos pronto?¿Mamá puedo hacer un FaceTime con Pablo? ¿Mamá los abuelos se van a morir? ¿Mamá, papá o tú os vais a morir? ¿Mamá yo me voy a morir? Mamá…

Y claro eso me lo dice de corrido, riéndose… yo sé que es miedo nervioso, pero en el fondo busca seguridad y respuesta. Y yo no soy el oráculo, soy una madre muy acojonada por la situación y que quiere ver a la suya y preguntarle lo mismo. Pero sonrío son la mejor de mis muecas malpintadas y le contesto lo que le debo contestar. No sé, no, no, no se…ojalá… pues claro cariño, no, no va morir nadie… Y no sé si cruzar los dedos mientras hablo. 

Mi marido y yo nos inventamos juegos, resolución de misterios por la casa, historias, teatros, cuentos y actividades tan variadas que si mi negocio postcoronavirus se va al garete me montaré una empresa de animación infantil y scape room.

La gente está muy preocupada, se nota, se siente, el miedo está presente. Nos mandamos cosas graciosas, y nos descojonamos, pero nos aferramos a la risa sumidos en una pena profunda, luego vendrán los bajones y las depresiones, que esto yo ya lo he vivido. En el momento TOP no te da tiempo de venirte abajo muchas veces, pero luego, luego te pega toda la bajona. Y yo aquí, puliéndome los ahorros, y sin cobrar un duro, pero de eso mejor ni hablo porque comprendo que hay personas muchos peor.

Tengo la firme intención de SUPERAR ,SOBREVIVIR Y CRECER con el coronavirus éste. Tenemos suerte de estar en casa, de no padecerlo de no estar en el hospital. Doy gracias. 

Se precipita la hora de la merienda, palomitas, peli, hora de juegos de hermanas. A veces me hablan y estoy en otro mundo, respondo como un autómata sin saber lo que me están diciendo. Cojo el móvil con frecuencia, como un tic nervioso y pienso:  «también tengo derecho a hacerlo mal un rato»

Tengo la impresión de que mis niñas ya se caen mejor entre ellas, se están conociendo. Mi cabeza no para en todo el día, no me tumbo a descansar, no me relajo, sólo un poquito en el spa que mi Mar Mar prepara con tanto amor y en el que me pringa todo el cuerpo de potingues que huelen a Nancys nuevas. 

Hora de la charla con amigos, hora de acompañar a mamá al wc a verla como hace sus cosas, porque la pequeña no se separa de mí ni a sol ni a sombra. Hora de jugar a la pelota en el patio, montar en bici ( afortunados que tenemos un buen patio) hora de bailar, hora de juegos de mesa… hora de aplaudir y oír al vecino cantar su concierto. Olé por él. Hola de saludarnos desde las casa y de sentir deseos de abrazar a ese vecino con el que sólo intercambiabas saludos.

 

Hora de la gimnasia en directo, madre mía como estamos perdiendo el tono, menos mal que los chicos de Sano Mairena nos ayudan. 

Hora de cenar, y del concurso de cocina a ver quien hace el plato más chuli.. No penséis que nos lo curramos, son cosas básicas y del día a día. 

Y después toca ver la serie infantil… y por fin,  A DORMIR. Aquí acaba un día y empezará otro muy similar, con algunos detalles nuevos.

Hoy pintamos una botella, hoy hacemos un unicornio, mañana nos disfrazamos, toca buscar fotos antigua, ordenar discos duros, arreglar armario, limpiar el coche en familia… y un sin fin de opciones y atractivos domésticos para … ARRRRRRRRRGGGGGGGGGG 

Termino así, loca, estresada y enviando de paseo la crianza con apego y pensando un grito de guerra contra el coronavirus éste antes de que acabe conmigo sin ni siquiera rozarme. 

¿Os pasa lo mismo? Vuestro día es tan intenso que sientes que te has comido a Leticia Sabater? 

A veces me pongo a ver una serie a las 12 de noche cuando todos duermen… y pienso… para, para ya de una vez. ¡Dedícate más a ti!

No os voy a mentir, le veo muchas cosas positivas a esta situación en cuanto a creación, inspiración, aprendizaje,  estar con mi familia me hace muy feliz, pero yo estoy agotaita…

Cuando acaba el día y me paro esos escasos minutos pienso en mis padres, en lo que les echo de menos, en lo que me gustaría estar con ellos por ahí haciendo lo que más nos gusta: COMER. 

Y creo que no tengo remedio, que soy una ansiá de la vida y ya está, porque esta situación es ideal para quedarse sin hacer nada, o por lo menos echar el freno considerablemente.

Y total, ya de perdíos al río. Me pongo a preparar al Navidad que este año se nos va a juntar todo.

¿Alguien me regala un día sin hacer nada en cuarentena? ¿Alguien más en la sala que sea así de cansino, como yo?

 

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