diario de una mamá fotógrafa

Por qué deberías hacerte una sesión Boudoir

Ya adelanté la semana pasada que esta vez sacaría la artillería pesada y sí, me refería a hablar de una sesión boudoir, aunque en realidad no la voy a sacar hoy, la sacaré un poco más adelante porque si algo tengo yo es que me gusta predicar con el ejemplo, y no, no lo hago por puro exhibicionismo, no soy precisamente tímida con mi cuerpo  pero los que me conocen saben que nunca he ido de Matahari. En cuánto la vida tan «agitada» que llevo últimamente, me lo permita, me hago a mí misma una sesión Boudoir y os la enseño, y lo voy a hacer porque quiero convenceros de que estas fotos no son «cochinotas» ( por lo menos no las que yo hago) ni es necesario tener un cuerpazo ( a la vista está que yo soy una persona muy normalita por lo menos tipín no tengo, más bien tripón) Quiero enseñaros en mis propias carnes, nunca mejor dicho, que cualquier persona puede tener un bonito Boudoir, unas bonitas fotos sexys. 

Hace tiempo puse en un grupo de vecinos de wathsapp un cartel de mis sesiones Boudoir de septiembre y febrero, que las saco con un descuento en dichos meses. Era una foto, a mí entender, muy inocente, una chica con un abanico de espalda que se le veía un poco de culete, pero hubo a alguien que le ofendió esa imagen, o al menos se sintió incomoda. Me comentó  en el grupo ( cosa que bonita no me pareció pero respete profundamente) que no entendía como podía hacer fotos de bebés y niños y cambiar tan radicalmente de registro. Aquello me dejo anonadada patidifusa y un poco acongojada. Estudié en un colegio de monjas y estoy convencida de que a mi queridas hermanas Ana y Maria Manuela, no les resultaría para nada ofensiva esa foto,   ni muchas otras que yo hago. Me he sacado un pecho para dar de mamar a mi hija en la Catedral y nadie me hecho de allí, pero claro, mis monjas de mi cole eran bastante modernas y no solían escandalizarse de cosas naturales de la vida, pero de eso ya os hablaré en otro pots porque mi dulce infancia en Las Carmelitas lo merece.

El problema está a veces en la mirada, o en lo que queremos ver o a qué ideas o pensamientos nos llevan las cosas, pero eso como digo, es algo muy personal,  aunque sinceramente, no creo que el cuerpo humano sea algo indecoroso de por sí. Sorprendida me quedé,  y mil disculpas le pedí por mi osadía, y por supuesto  que no fui la única de aquella charla que se extrañó de que se me juzgasen públicamente cual Magdalena, por hacer fotos de cuerpos con poca ropa.

Fotografía boudoir en pareja

Me permito recordar a los más tapados que los bebés vienen al mundo de una única manera… Si pensáis en fotos Boudoir de parejas, ¿Qué os imagináis? A veces la sensualidad no está en el hacer, si no en el intuir… y por supuesto hay momentos muy íntimos donde no hace falta mostrar más piel que los propios brazos. ¿ Acaso no es eso Boudoir? Para mí, sí.

Amigas mías, vamos a envejecer, tarde o temprano, algunas antes , otras después. Yo al paso que voy me veo  hecha una pasa en breve porque entre las horas de cámara, de ordenador y de mula de carga con mi pequeña energúmena de año y poco, la atrofia está garantizada. Nuestras carnes van a caerse, sí, seamos realistas, los traseros no siempre estarán colocados en su sitio, los tatuajes se volverán blanditos, y los pechos… ayyy, los pechos. Me empeñé embarazada en dejarme el pelo megalargo para taparme los pechos, pero aquello por más que crecía no tapaba ná. No caí yo en la cuenta de la ley de la gravedad  y no había melena que tapase mis razones de peso, así que no me pude hacer esa foto de preñez salvaje que tanta ilusión me hacía.

Habrá alguna Madonna en la sala seguro, que ronde la sensentena y esté cañón ( eso sí con las venas de los brazos como cañerías) pero lo cierto es que la edad llega, y el cuerpo cambiará y a mí me hace mucha gracia verme con 20 años en bañador y pensar: » Maldita sea mi estampa, ¿pues no que me veía yo gorda con lo buenorra que estaba?»  Pero lo gracioso es que me sigue pasando, me veo hace 5 años y pienso, » Oye, pues no estaba yo ni pizca de malota en esa época» Pero claro, lo veo a toro pasado porque en el presente es raro  no sacarme defectos varios. Mal, mal y mal. He hecho sesiones a chicas gorditas, canijitas, a auténticas modelos, a señoras con una edad, a chicas jóvenes por supuesto mayores de edad, aunque mis Boudoir suelen ser inocentones siempre, y siempre he disfrutado de ver lo bien que se lo pasan, lo contentas que se van, y lo mucho que les gustan sus fotos. Hay que mirar en las personas y sacarlas como se sientan más favorecidas, y para ello es fundamental ver lo bonito, ver lo que hay más allá de lo visible y por supuesto escuchar a la persona y conectar.

¡He decidido que eso se acabó! Así soy yo ahora, y así quiero recordarme. Bueno, venga va… un pelin de photoshop sin engañar a la realidad está permitido. Saquemos los cuerpos la luz, luzcamos muslamen, torso en que caso de los chicos, que también son más que receptivos a este tipo de trabajos, mostremos nuestra belleza exterior, interior y dejemos salir por los cuatro costados nuestros encantos, ¡ hombre ya! Ahí estaré yo con mi cámara para quien quiera que le inmortalice cual esfinge egipcia. Te aseguro que no te dará corte, porque otra cosa no, pero a campechana no me gana a mí ni Juan Carlos, rey.

Insisto, boudoir, boudoir, boudoir. El momento es ahora, no mañana, ni dentro de tres meses, ni en septiembre, ni antes del turrón, ni cuando las ranas críen pelo, ni cuando me haga el láser, ni cuando me haga novia del doble de Beckam y hacerla con él para faldar… ¡Déjate de excusas a ti misma! Vamos a sacar todo lo bonito que hay en ti.  Regálatelo, o háztelo con tu pareja si os apetece una foto como la de arriba. ¿Te fías? Si pruebas repites. ¡Ah! Y si no te atreves a ponerte en mis manos o en la de otro profesional, prueba tú, prueba tú, que lo mismo hasta le coges el gusto. 🙂

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