diario de una mamá fotógrafa

La noche que hablé con Gaspar

 

 

La mágica noche de reyes.

Ya no hay vuelta atrás. El turrón está en las cartucheras pero mi alma está feliz y nadando en azúcar. ¡Qué le vamos a hacer! La navidad ha ido arrasando lentamente, se ha llevado los virus con los que comenzamos diciembre, y ha traído un inicio de 2017 lleno de buenas intenciones:

Las existenciales: Paz en el mundo,  que a nadie le falte el alimento, el cobijo, el trabajo.

Los propósitos bondadosos hacia los seres queridos: Ser una madre ejemplar que no chilla ni dice tacos y educa con el ejemplo  ( toma ya pedazo de propósito) ser una hija agradecida a mis progenitores y sabérselo demostrar cada día y por supuesto ser una esposa ejemplar, de esas que toda suegra desearía ( no sé si la mía en concreto pensará lo mismo, pero yo lo voy a intentar a lo bestia con toda mi buena voluntad y hasta que a la buena señora no se le caigan dos lágrimones de lo requetebuena que soy con su ( mi) Paco no pienso parar, ¡ lo juro!)

Y por último las intenciones con uno mismo : Ir la gimnasio y ponerme con un cuerpete interesante,  viajar más en familia, salir con mi esposos alguna noche del año aunque terminemos hablando de las niñas, leer y estudiar mucho más, mejorar en lo  profesional  pero a la vez  trabajar un poquito menos cantidad de horas para poder estar más tiempo con mi familia…  ( he empezado por lo más superficial, comprendedme, siempre no puede estar una dando ejemplo)

Como me pasa siempre sé que las intenciones del apartado tres se irán al traste ante que ninguna.

En definitiva, ya hemos dejado atrás la Nochebuena, las uvas, y el barco está a punto de llegar a puerto, los tres Reyes Magos son ahora los que nos silban a la vuelta de la esquina  y días cómo hoy no puedo evitar acordarme de lo que me pasó de pequeña y os lo quiero contar.

Corría el año 89 y tenía yo la tierna edad de nueve años. De repente en el colegio una niña  empezó a decir cosas muy raras, difíciles de explicar, sin venir a cuento le dio por gritar en el patio en un ataque de locura que los Reyes Magos no existían. Yo no salía de mi asombro. Recuerdo que me quedé patisifusa mientras aquella niña decía cosas extrañísimas: Qué si los reyes son los padres, ( lo primero que creí es que esa chica estaba un poco liada y que se refería a los padres de los reyes, aunque era absurdo porque los padres de los reyes no pintaban nada ahí, pero no, la chica se refería a que nuestros padres eran los reyes, que ellos compraban todo y que los reyes no existían, toma ya.

Me sentí  triste, no me lo podía creer, mis padres no tenían tanto dinero como para comprarme todos esos regalos, y ¿qué pasaba entonces con la magia? . De repente todo mi mundo se vino abajo. Los Reyes Magos no existían, todo había sido una mentirijilla piadosa.

Llegué a mi casa cabizbaja y taciturna, sin hablar del tema y dejé pasar la navidad, una navidad raruna, porque mi madre me preguntaba qué pediría a los reyes y claro, yo no me atrevía a pedir nada ya sabiendo la verdad, pero no decía lo que me rondaba la cabeza.

 Y llegó el día de los Reyes Magos y como cada año vi la cabalgata en el centro con mis padres, disimulando que yo ya sabía el truco. Casi siempre, repetía cabalgata más tarde  con mis padres de nuevo o sola con mi abuelo en la calle Pages del Corro.  Mi abuelo me llevaba de la mano y me contaba historias de los Reyes de cuando él era pequeño, yo ese día traté de aislar mis pensamientos y centrarme en disfrutar del evento en cuestión, pero ya veía la gomita de la barba de Melchor por todas partes y las pelucas y la gran mentira.  y esos botines feos en lugar de botas de rey de verdad… ¡Qué triste estaba! No pude evitarlo y se lo solté a mi abuelo: « Abuelo esto es  mentira,  y yo ya lo sé»  

Mi abuelo, no sin antes resoplar un poco y tocarse ese pelo que tenía tan cuantioso y blanco, me dijo: «Banini, hija, ( le encantaba llamarme así porque el siempre se inventaba nombres para mí ) es verdad que estos de la cabalgata no han visto oriente ni con siete copas de vino a la espaldas  ¡Ya podía el Ayuntamiento invertir más pasta y que los Reyes fueran mejor vestidos, leches!  Es cierto que estos  son tres hombres normales y corrientes, bueno, casi normales, porque uno es un político y esos de normal tienen poco hija, poco.  ( Mi abuelo a veces metía la cuña porque no le gustaban mucho «los mandamás» como él decía )  Sin embargo,  créeme cuando te digo que los Reyes existen, y esta noche van a ir a tu casa y la casa de cientos de niños con ilusión,  y eso es verdad como Moisés que yo me llamo»

Después de aquello no me cupo la menor duda de que  mi abuelo decía la verdad y punto, vamos, que sólo mi abuela podía cuestionar las palabras de mi abuelo, y nadie más ( mujeres de armas tomar las de mi casta) así que me quedé totalmente conforme, me fui a mi casa con mis padres y me acosté después de seguir todo el ritual de cada año.

Y esa noche viví algo insólito. Esa noche Gaspar vino a verme, habló conmigo, y lo recuerdo con tal nitidez que jamás en la vida me atrevería a decir que aquello fue un sueño y si lo fue estaba tan bien hecho que mi cabeza se merece un redoble de tambores y que yo crea que aquello fue verdad, porque no son menos verdad los sueños que la propia vida, nadie ha podido demostrar de momento ( y si no que se lo digan al que se inventó la rallaera  de «Matrix») que los sueños solo sueños son.

Insisto: Estaban yo despierta y bien despierta cuando Don Gaspar Rey entró en mi cuarto y me dijo:»  Vanesita, siempre seré tu rey, (eso no me lo ha dicho a mí ni mi marido, ¡vamos!) tú me elegiste porque soy el que tiene menos éxito ( todo se lo lleva el puñetero viejecito Melchor y Baltasar y su cuerpazo africano) Soy como tu hada madrina, pero en rey mago, siempre estaré ahí, te veré crecer, te tiraré de las orejas si te portas mal y seré tu Pepito Grillo, tu conciencia que nunca duerme (jodío que razón tenía, ahora me doy cuenta)  Te premiaré cada año con cosas buenas, no pienses  en regalos, porque eso te lo van a comprar tus padres mejor a partir de ahora, comprende que yo ando un poco desfasado con las modas y tú ya dentro de nada querrás ropa fashion y cosas de adolescente y yo ahí me pierdo y para meter la pata mejor dar paso a las nuevas generaciones, es decir tu madre y tu padre… pero te aseguro que te traeré felicidad y te traeré alegrías y te guiaré, porque encima de  Rey Mago, Hada, Pepito Grillo, soy también Estrella y no hablo de la que hace de Estrella de la ilusión, esa es la hija del alcalde. Vanesita, a veces colmaré tus deseos como un genio de la lámpara siempre que tú creas en mí. ¿Entendido? Eah, pues a creer, ¡leches! Y ahora a dormir, muchachita, y no te olvides de todo esto con los años si no quieres que te pegue un susto de muerte y me aparezca de nuevo para decirte un par de cosas»

Como comprenderéis me quedó clarísimo, y jamás se me pasaría por la cabeza dudar del bueno de Gaspar, así que aquí levanta la mano una que CREE Y CREERÁ toda la vida en sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y en concreto en Gaspar, mi rey.

😉

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