diario de una mamá fotógrafa

La feria con niños

Hola amigos!

Hoy me gustaría hablar sobre la feria de abril con niños. Sé que ya ha pasado pero he terminado medio loca.Esos nuestros querubines, con sus atuendos, su flamenqueo, dando todo el por saco del mundo porque quieren ir a la Calle del Infierno. Tengo a mi querida amiga Elenita que no le contó al suyo que existía ese lugar hasta bien grandecito. Y qué bien lo hizo la jodía, no como yo, que me he dejado las perras allí sin ton ni son, que he ido detrás del cacharro para  sacar  a la niña aún en marcha porque se pone a llorar después de suplicar subirse. «Pa habernos mataos»

Mis niñas en la feria de abril

Mis niñas en feria, como dos rosas, las flamencas más desaliñadas del Real, ni pendiente ni flor, ni «ná». En las fotos aún están en casa por lo que todavía llevan sus atuendos, pero duraron el tiempo de subirnos en el coche. Mi bicho pequeño llena de churretes, mi niña grande sin querer mancharse  con su cara de asperoncito  cada vez que algo no era de su agrado. Madre mía, que estresada he terminado yo esta feria, de verdad. Descanso más trabajando, lo digo en serio.  No es lo mismo ir así que cuando iba yo con mi traje de flamenca, con mi mantón de manila y mi gesto flamenco que me caracteriza, ese arte gitano que tengo yo en las venas bailando, ya me conocéis los que me conocéis que el baile no es precisamente una gracia con la que me haya dotado Dios. Tengo otras, esa no.

Antes por lo menos me duraba la peineta y la flor, ahora si me vistiera de flamenca, cosa que por supuesto no se me pasa por la cabeza porque mi pequeña me desnudaría en plena calle y no solo por que quiera teta, si no porque ella arrasa con todo lo que pilla, iría como un cromo, llena de papilla y oliendo a

restos de galletitas y de manzana.  Terminaría por los suelos y no precisamente por tomar unas cositas, no, terminaría por los suelos buscando el pendiente o directamente tratando de sacar a Mar de debajo de una mesa antes de que lo lance todo por lo aires.

Mi marido tampoco es muy flamenco que digamos, el bailar sevillana lo hizo sólo una vez, cuando aún no teníamos niñas y sabia que me sentiría tan contenta y agradecida que esa noche habría fiesta. Pero ya el pobre que no espefotos niñas de flamencara mucho, lastimita de nosotros, se cierra en banda, se acopla en barra con su Coca Cola, y claro, ni el puntito. Amor, algún día la vida nos premiará y volveremos a tener una vida entretenida de pareja.

Y claro,  sin perder ojo a las peques, que se pierden y para qué queremos más, la caseta de los niños perdidos siempre está ahí, pero me gustaría no visitarla nunca.

Los fuegos sin duda, el colofón final. Ahí que nos presentamos en el  monumento de Chillida, en que me hice fotos de novia allá corría el año 2010. No sé que se me pasó por la cabeza para irme precisamente allí, y vueltas que da la vida, quién me iba a decir por aquel entonces que terminaría yo tras una cámara. Aquello estaba atestado de gente, una niña de la edad de mi hija mayor, no paraba de coger en brazos y tocarle las narices a mi pequeña. Y mi pequeña que es mucha tela, la lío parda, le zampó una torta y la niña lloró a los padres que acudieron a ver quien era la bestia parda que le había zumbado. Era una bebé de 18 meses, con cara de no haber roto un plato. A puntito estuve de montarla  yo porque la niña me hizo sacar a la megamadre de parque. Pero desde el episodio en el bar que no dejaron a Vera entrar a hacer pis, estoy muy contenida.  ¿No os sucede? Cualquier cosa que les pase a nuestros hijos es como un guantazo sin manos que nos pegan a nosotras.

En fin, a los fuegos llegaron las dos medio traspuestas  y yo escuchaba  el fin de fiesta recordando aquel año con mi buena amiga Laura, jóvenes, casi adolescentes, diría yo, mirando los fuegos de la feria y pensando qué sería de nuestras vidas. ¡Ay, amiga! Cuántas cosas han sido… y al final ahí seguimos. ¿Conservais amigas cuyo ritmo de vida es diferente al vuestro? A veces es complicado, pero personas como mi amiga Laura, lo hacen fácil. Y qué afortunada me siento de tener tantas y tan buenas amigas.

Esas niñas sudando a chorros, esa Marita comiendo albero, que luego caga amarillo y arenoso y siento ganas de llorar. ¡ Mala madre! Y yo a dieta para colmo, sin poder catar «naita de na»  En fin, que no es lo mismo, chicos, esas ferias gloriosas de rebujito y amaneceres de risas y de baile. Ahora cuando bailo lo hago con mi peque en brazos y con la mayor como compañera. ¿Pero sabéis qué? Aunque en este post he estado un poco quejosa, no hay momento comparable, no hay mayor felicidad que este maremagnu de feria, que está locura de ser madre, porque ellas, verlas construir como serán en el futuro, ser testigo de como crecen, es el presente más feliz que he tenido nunca. Y me encanta ver la vitalidad de mis niñas, las ganas de tirarse del carro de Mar, sus caritas de asombro al descubrir la feria por primera vez. Estaba feliz de ver a Vera bailar en la caseta, hacer amiguitas por todas partes y recordando con ellas mi infancia.

¿Y vuestra feria? ¿Cómo ha sido? Contadme que soy muy cotilla, aunque no tanto como la persona que se dedica a ir en plan «corre ve y dile» cada vez que escribo un post con intención de hacer pupita, claro. Qué lástima que estoy vacunada contra la mala leche. Y quien no quiera entender este blog de una mamá fotógrafa, es muy libre de no pasarse. Claro, clarinete.

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