diario de una mamá fotógrafa

LA CRISIS DE LOS 40. Cómo pienso superarla.

El día 21 de marzo a las 13 h entro de sopetón en los 40 y por supuesto tengo preparada una crisis existencial tremenda. Los que me conocéis  sabeis que gusto del folklore. ¿Me entrará la bajona? Afirmativo. ¿Lo celebraré con una fiestorra para que se me olvide? Seguro. De momento miro hacia otro lado y quemo los últimos cartuchos de la treintena, la década más feliz de mi vida.

Tengo 39 años pero ( perdonad la obviedad) hace unos años tuve 25 y no necesitaba hacer ningún tipo de ejercicio para sentir que mi cuerpo era un templo, o al menos eso creía yo. Pero llegados a este momento  más bien sentía que mi cuerpo era una olla a presión a punto de pegar un reventón. Desde luego da mucha tranquilidad pasar por una obra y no sentirte intimidada, porque qué malos ratos he pasado yo de jovenzuela cuando cruzaba una. Ahora ya debo de infundir otro respeto, porque tengo “otra edad” Me paso el día diciéndole a mis amigas cosas del tipo: “Claro, es que ya tenemos otra edad…” pero aunque hay muchas cosas que nunca cambian, el cuerpo y la carita, por desgracia, no entran en ese lote.

No sé si es muy bien por la maternidad o por la gravedad o porque la vida es así y no la he inventado yo… pero un día de repente te miras al espejo y piensas: ¿Tú y yo nos conocemos?

fotos a domicilio

Antes era Vane, y ahora he pasado a ser la mamá de Vera y Mar. Un orgullo pero… ¿dónde está Vane? Pues posiblemente como Wally, perdida por ahí en medio de un montón de madres semejantes que esperan que alguien las vea de nuevo.  En estos últimos 10 años me han ocurrido las cosas más increíbles y maravillosas de mi vida. Estoy segura de que es una década incomparable, inigualable, cuyo listón es imposible superar, y en gran medida gracias a la llegada de mis hijas.

Y aún siendo feliz y sintiendo que he conseguido la vida que siempre quise  cuando tenía 20 años, yo necesitaba una ilusión, mariposillas,  algo que hiciera  sola más allá que ver series cuando todos duermen, ni mi trabajo como fotógrafa infantil. Necesitaba un ratito  de vidilla para ser yo misma, un objetivo, un pequeño “escarceo” personal (que no amoroso, ¡malpensados!)

Y di con la clave: Necesitaba ponerme en forma, volver a sentirme como el día que salté el potro en el cole por primera vez: Capaz. Reinona. Poderosa. ¡Toma ya!

Tampoco se trata de que se me marquen las venas como a Madonna para facilitar las analíticas de sangre a ésta, mi nueva edad inminente, no. Quiero conservarme fresca  pero consecuente con la edad que tengo. Así que pensé que si movía el joropo, conseguiría ponerme mejor, con salud y alegría corporal y me apunté  en septiembre del año pasado a SANO MAIRENA, un centro de entrenamiento donde los monitores/as, son tan ideales que te dan ganas de llevarles un paquete de Donuts cada vez que vas a entrenar. 

 Llegué con ilusión, le conté mi vida a uno de ellos  como si la criatura fuera la piedra rosetta de mis anhelos. Hablé por los codos como una señora a la que sus hijos ya no escuchan, qué lástima de mí. Me convenció el sitio y me apunté a entrenar allí, como una campeona, en un grupo de tonificación  y a otro de entrenamiento mujer, para recuperar el tono y conseguir que el suelo pélvico suba al techo y esas cosas de madres. En este cuerpo serrano hay músculos , cuya existencia yo desconocía hasta ahora y son músculos la mar de útiles, palabrita. 

Cuando llevaba menos de un mes apuntada, me vine arriba en banderilla, me crecí y me apunté a una carrera, y encima a pelo, sin ensayar días antes como hacen las bandas, ni nada de nada.

 Allí iba yo con todo mi equipamiento del Decathlon como una corredora más, aunque llevaba la intención de hacerme los 8 km  andando y no corriendo, porque quería seguir viviendo después. 

Embalada, estoy con esto del mundo deportivo y eso que el día de la carrera me dieron un zasca en toda la boca de esos que suenan como redobles de tambor, pero ese episodio merece un pelín de detalle:

IMAGINAOS EL PANORAMA: Mi amiga Clara y yo en la salida de meta. Ella corre 8 km tres días por semana. Tienes dos niñas y presenta un cuerpo escultural. Yo, redondita, mismo numero de niñas y sólo he corrido en mi vida para huir de los malos.

Comenzamos la carrera. A los 5 minutos soy la antepenúltima. Mi objetivo es mantener mi posición, porque otra cosa no, pero realista soy.  Esas dos señoras de 50 años no me pueden adelantar, eso no va a suceder. Visualizo que llego antes que ellas. 

A los 30 minutos aproximadamente estoy a punto de alcanzar la meta, no me lo podía creer. Había hecho la carrera medio corriendo y no andando, realmente a aquello correr lo que se dice correr no se le puede llamar, más bien era como un avance a zancadas descoyuntadas al gritos de ánimo de personas que había desperdigadas en el recorrido: “Señora… ¡ánimo, usted puede!” ¡Cómo toca las narices lo de señora!

Mi marido, mis niñas, el marido de mi amiga, todos allí a metros de la llegada me animaban con alegría: “Mami la mejor, ole ole…”

Las dos señoras forondas aceleran el paso con la intención de adelantarme. ¿Cómo? Ni de coña. Pego un último arranque de ímpetu  y entro en meta como una campeona escuchando esta melodía en mi cabeza ( Pinchad en el enlace porque define bien sin sentimientos )

De repente oí entre la multitud, mi número de dorsal por un altavoz así como aplausos varios de los presentes.

A partir de ahí se desencadenó “la tragedia”. Yo medio morada de correr, a punto de caerme al suelo, me para alguien de la organización y me pide mis datos, mi nombre, el club deportivo al que pertenezco. En ese momento pensé: “ Qué lindos… mira, a los que perdemos no dan un reconocimiento y todo para animarnos a volver” Le explico a punto de echar los hígados por la boca que es mi primera carrera y que estoy orgullosa de mí misma.

Cuando aquella señora dijo “ No es para menos” tuve la sensación de que no era para tanto y que algo raro estaba pasando. No nos estábamos entiendo. Pero no me dio tiempo ni de preguntar cuando de repente una choni de 25 insultantes años, como mucho, llegó a mi lado, igual de asfixiada que yo por cierto, y montó en cólera. -Oiga, que ésta no ha quedado la tercera de las féminas, ¡que la tercera soy yo! 

Claro… – intenté decir pero el aliento no me dejaba explicar que yo iba en la cola.

-Po no hay más que verle el cuerpo. No es cuerpo de ganar una carrera…  

En ese momento fruto del mareo de darlo todo en la pista pude haberme ido para la choni  y haberla mandado a coger coquinas al Coto, pero no lo hice, porque yo soy una señora ( a mí pesar, pero ahora sí que viene al caso)  Y darle en toda la boca tampoco era una opción elegante para alguien que es ejemplo para sus hijas. Así que me aparté y la miré pensando: Sí , sí, bonita, pero la ovación me la he llevado yo. Y reí la última, aunque me quitaron rápidamente el pin de tercera. ¡To pa ti!

Cuando mis pulsaciones bajaron de la estratosfera, entendí la situación. Entré con tanto énfasis en la meta que se creyeron que había quedado la tercera y yo sinceramente en ese momento no sabía ni como me llamaba, ni cuantas vueltas había que dar. Y claro, me faltó una vueltecita de nada, jajaja. Pero entré sobrada de orgullo personal por mi logro y debieron confundirse los de la organización  y pensaron que era mi segunda vuelta. ¡Porque había que dar dos!

Así que para combatir la crisis de los 40, exceso de kilos, dolores de espalda ,para seguir sintiéndote bien y  que tu cuerpo y tu mente  estén bien puestos ( que en esta vida hay que aguantar mucho tonto)  yo hoy os tengo que recomendar que comáis sano, pero que hagáis ejercicio, y si puede ser en SANO mejor que mejor, porque son los mejores entrenadores personales que existen en los confines de la tierra. Y que conste que esto lo escribo yo porque me apetece y porque cuando algo me gusta, me gusta a “jierrisimo”.

He elegido fotos en que más o menos estoy digna, que una tiene una reputación que mantener, jaja, pero de la dificultad surge la superación y el deseo de avanzar.

Gracias a mi querida Irene, que me ha hecho las Fotos y lo mismo la tengo que fichar. Irene es mi entrenadora del grupo de mujer y yo de “pequeña”quiero ser como tú de mona, simpática y currante y  también a Carlos, que es achuchable hasta el infinito y que me ha enseñado muchas cosas, entre ellas dejar de ser pandillera y sacarme las manos de los bolsillos para entrenar, y me está ayudando a ponerme «buenorra» con cardio y tonificación, para las fotos que me tengo que hacer por mi cumple y por supuesto  también a Luis, que como es el jefe le tengo mucho respeto y me dejo los pulmones con tal de no flaquear  delante suya  y a Macarena y  Pablo que aunque he entrenado menos con ellos las veces que me ha tocado  me han hecho sentir como si hubiera ganado aquella carrera. 

Gracias equipo por crear en mí la necesidad de hacer ejercicio y cuidarme. Gracias por esas 3 horas a la semana donde lo paso genial y aprendo muchas cosas de vosotros. No dejéis de seguirles en redes sociales como SANO MAIRENA y si os apetece cambiar de hábitos, no lo dudéis, acercaros, la publicista que llevo dentro no puede parar de recomendarlos porque de verdad lo valen. 

 

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