diario de una mamá fotógrafa

El segundo hijo, todo un superviviente.

hermanos pequeños

La llegada del segundo hijo

Cuando eres madre por primera vez, no tiene nada que ver con cuando llega tu segundo hijo, las cosas como son.  En tu estreno a la maternidad te sientes como niña con zapatos nuevos: quieres tener al bebé todo el rato encima  no termina de agradarte que otros lo cojan, te lees durante el embarazo libros de todo tipo sobre cómo ser la mejor madre de la galaxia. Te marcas retos complicados pero ahí vas tú, con toda la buena intención del mundo a empaparte de charlas sobre maternidad, te empeñas en que tu pareja te siga el rollo y te implicas en tu futura maternidad en cuerpo y alma. Como todo en esta vida, hay quien recibe a su primer bebé con una actitud mucho más relajada y «pasota» ( ojo, que no me parece mal, cada uno es libre de vivir a su manera y no por ello se es peor o mejor) pero desde luego las mamis que pasan por mi estudio, y cada vez más papis, son más de este estilo, como yo misma lo fui y lo soy.hermanos pequeño

Me encanta ver como abrigais los pies de ese vuestro primer bebé aunque estemos sudando a chorros. Es realmente entrañable. Me encanta ver como venís con la lección aprendida  y conocéis a vuestro bebé en menos de 15 días de vida, más que a vuestra propia palma de la mano. Sabéis cómo cogerle, cómo mimarle y calmarle, sabéis ser madre pero no por todo lo leído, no, lo sabéis porque OS NACE.

Dentro de poco le dedicaré unas letrillas a los padres porque últimamente menudos padrazos me he topado en mi cajita de luz. Se merecen un redoble de tambor pero es que es verdad… mis papis de mis sesiones son tan graciosos y entrañables que se merecen un homenaje. Aprovecho para recordad que se acerca el día del padre, y quedan muy poquitas plazas libres, de hecho, no sé si me voy a arrepentir de haberlo dicho aquí, porque ya casi no hay huecos.

Pero hoy, madrecitas, o mejor dicho, madrazas mías, hoy que además es el día de la Mujer Trabajadora, y vaya si curramos, estoy con vosotras. Abnegadas y voluntariosas. ¡Qué graciosa  Belinda arrimando la teta al bebé metido en el cuenco haciéndole su sesión de newborn! La de veces que me he sacado yo un pecho en el coche para que la niña dejase de llorar. Y qué cara esos camioneros en el Quinto Centenario sin entender muy bien aquello que sucedía allá abajo.  Obviamente no iba conduciendo, ya sería lo último. Conocí a una mami que salía del coche a pagar la gasolina con un seno al aire, tal cual, allí iba ella con su pechito fuera y todo
el mundo mirándola. La pobre no tenía ya ni sensibilidad.

Con el primero te das cuenta de que todas esas cosas te pueden pasar a ti, y ya con el segundo, es un desmelene. Mi pobre segunda hijita es una superviviente nata. Por muy pendiente que esté, el tiempo es compartido, ella si llora no corremos como corríamos con su hermana. Ella si no quiere comer, tampoco se le insiste más de lo debidamente oportuno. A Marita la duerme su padre, cualquier le decía a su hermana mayor que iba a dormir lejos de su madre, de hecho aún sigue pegada a mi espalda cada noche. El síndrome del rey destronado es duro, y yo tengo una reina con corona que no está dispuesta a ceder el trono, pero la pequeña superviviente se abre camino, patalea, chilla como un animalillo marcando terreno, le orina a la hermana para que sepamos bien claro que ahí está ella, y que éste es también su lugar. Ya sabe decir su nombre y a Vera se le llenan los ojitos de brillo y ya con eso me doy cuenta de que su hermana es y será el mejor regalo del mundo.

Este es tu hogar, pequeña mía, tu casita de locos donde hay tres personas que te adoran, a pesar de que a veces te lleves más horas de la cuenta con el pañal » meaito» ( por favor, no me sacrifiquéis que últimamente nos lanzamos a la yugular madre sobre madres, pero sí, la pobre a veces se me «remera»)

Perdóname, tesoro mío, no te quiero menos, lo juro, te quiero igual, igual y distinto, igual y genuinamente diferente. Tú eres pequeña y lista y me miras diciendo que sí con la cabecita esa loca que tienes. Eres un torbellino espabilado, como casi todos los segundos, una busca vida, una rastreadora nata. Contigo soy mas libre, posiblemente «peor madre» que de tu hermana, pero más libre y más » de verdad.» Soy más imperfecta pero sin dudarlo un minuto te daría la vida mil veces, te pariría una y otra vez con tal de verte de nuevo nacer y existir por vez primera.

¿No os pasa con el segundo? ¿No os enamora igual? No podría inclinar la balanza, ni mostrar preferencias. Cuando llora, no enloqueces igual que cuando lloraba el primero. Si se hace un chichón no te vas a urgencias, si tiene fiebre no llamas a los bomberos para que apaguen su fuego interno… eres una madre mucho más «tranquila» pero sufres, sufres igual, sólo que distinto.

Con el segundo no eres mas madre, y estoy convencida de que con el tercero no eres triple madre ganadora del premio a más madre que nadie. No. Conozco algunas madres que se creen » más madre que nadie» o » mamá gallina» por tener más hijos. No se sabe más de maternidad, no es proporcionar al número de hijos, pero si creo que el amor es tan infinito y se multiplica con cada uno de ellos que descubres en ti no sólo a una madre, si no a muchas.

Vera tenía un blog con muchísimas entradas desde el embarazo, donde yo me dirigía a ella y le contaba cómo me sentía y cómo iba creciendo desde la barriga hasta que cumplió su par de añitos. Mar no tiene eso, no tiene tanta memoria mía, porque la vida no me da para más, pero tiene centenares de fotos, y sobre todo millones de besos encima de sus carnecitas blancas que le da su madre y que le da su padre.

Con el segundo te preocupas menos. No, no es eso. Sólo relativizas más.  El segundo es menos malcriado. No, para nada es eso. Mar no se va a llevar las regañinas de la hermana mayor, ni va a ir al «rincón de pensar». Menuda imbecilidad. No sé a quién escuché para hacer semejante tontería. Perdonadme pero lo pienso así, no vale de nada, no me funcionó en las tres o cuatro ocasiones que lo hice. Con la pequeña ni me lo planteo.

El segundo se cría solo. Permitidme que emita una gran risotada. ¿La escuchais? Ha sido enorme y sonora. El segundo recibe menos tiempo material en exclusiva pero se cría con el mismo esfuerzo que el primero, sólo que a sabiendas de los errores cometidos, tratarás de no caer, pero caerás en otros diferentes.

Yo soy hija única y tenía claro que iría a por un segundo hijo.  Sin ella estaríamos aburridamente tranquilos, dormiríamos tanto que hasta nos dolerían los huesos, no me imagino las noches sin sus llamadas, los días sin sus gestos tan graciosos, mis extrañas jornadas laborales sin su voz ronca de fondo diciendo «mamá»

No me imagino el cristal de mi salón que da al estudio sin su carita asomada, saludándome. ¡Ay!  Esos pucheros que me pone y que me dan ganas de lanzar la cámara e irme a por ella a achucharla hasta el infinito.  Al salir a comer no llevaríamos la banda sonora de sus grititos, ni sus carcajadas al oír la palabra «chimpum» Mi linda Mar, sin ti, no seríamos tan felices.

¿Y tú? ¿Estas locamente enamorada de tu segundo hijo?

Añadir un comentario...

Tu email nunca será publicado Campos requeridos *

suscríbete a mi newsletter

y gana automáticamente un bono de hasta 3 fotos digitales extras en tu próxima sesión

reservas, consultas y bonos regalos

La responsable de tus datos será Vanessa Esteban González, y serán enviados Mailchimp, quienes me aseguran cuidar tus datos personales, no cederlos a nadie, y respetar todos tus derechos, tienen sus servidores en Estados Unidos. Podrás darte de baja en cualquier momento y ejercer tus derechos de acceso, rectificación, oposición, portabilidad, olvido, cancelación ocualquier otro que poseas según se describe en la política de privacidad.